- Xenealoxias do Barbanza

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Pazos e Casas Señoriais
 

Colo de Arca

 

 Es una casona situada muy cerca de la Capilla de la Virgen del Monte. La casa perteneció a los Montenegro y Saco Bolaño, donde Valle pasó su niñez por ser sus propietarios familia de la madre.
 La Capilla de la Virgen del Monte quedaba dentro de los límites de la finca, pero la apertura de un paso las separó. Después vendría la construcción de la carretera local de A Pobra a Lesón. Este episodio dio lugar a un enfrentamiento entre un Montenegro y el párroco de O Deán, que Valle recreará en las Comedias Bárbaras.
  Las tapias que rodearon la finca tenían una pequeña abertura por la que, en contra de la voluntad del señor, pasaban los aldeanos para acortar distancias. El Montenegro no deseaba un camino de uso vecinal dentro de sus propiedades porque, como Machado, sabía que "se hace camino al andar".

  Un buen día, el párroco de O Deán acuciado por la premura de llevar el santo viático a un moribundo y acompañado del tintineo de la campanilla que anunciaba el sacramento, quiso tomar el atajo de sus paisanos. La amenaza de unos perros y un furibundo Don Juan Manuel Montenegro al grito de "aquí no pasa ni Dios" se lo impidieron.

 
 
 
 
 
 

Casa da Cadea


  Edificio construido en el s. XVIII como cárcel jurisdiccional del vizconde de Xunqueiras. Los Xunqueiras, por antigüedad tuvieron privilegio de poner justicias, alguacil y alcalde de cárcel en su Villa del Caramiñal. De planta rectangular y muros de sillería de granito, sólo conserva los muros laterales y la fachada. Formada por dos cuerpos, planta baja y principal, interrumpido por un frontón curvo que acoge un espléndido escudo bajo la corona del marquesado, el cáliz y la hostia del Reino de Galicia, en los cuartos las armas de los Bolaño, Arias, Moscosos, Soutomaior, y la estrella de los Mariños; en el escudete central, cubierto por un yelmo hidalgo, podemos ver los juncos de los Xunqueiras. En los extremos sobresalen dos grandes gárgolas.

  La acelerada expansión urbana que sobrevino a la industria instalada en la zona del Arenal a lo largo del siglo XIX, delimitaron el edificio, anteriormente solitario, al que llegaba el mar día tras día. Lo que mejor se conserva es su fachada, prácticamente sin ornamentación.

 
 
 
 

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